Los primeros barcos que se construyeron fueron de madera porque ésta podía flotar, pero cuando se comenzó a desarrollar el acero, se pensó que un barco de acero sería más resistente que uno de madera.
El problema era cómo hacer flotar un marco de acero. Y dieron con la solución. El secreto es la forma del banco: el casco lo que hace es desplazar agua para hacerse hueco, pero ésta le opone resistencia para intentar volver a su posición inicial. Esta fuerza que ejerce el agua es mayor que el peso del barco, y esa es la razón por la que flota. Así, cuanto más grande es un barco, más agua desplaza y más estable es, aunque cada barco tiene un límite de peso y carga para evitar que se hunda.

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