El vino, en todas sus modalidades, se obtiene de la fermentación del zumo de la uva. Durante la fermentación, las células de la levadura convierten el azúcar del zumo en alcohol y en dióxido de carbono.
Sin embargo, para que esto sea posible y podamos obtener vino, el proceso de fermentación debe producirse de forma anaeróbica, es decir, sin oxígeno; de lo contrario, si se dejara el zumo fermentándose al aire libre, el proceso de transformación del azúcar en alcohol y dióxido de carbono se detendría y, en lugar de vino, se transformaría en vinagre.

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